Catedral Basílica de Santa Ana

XIV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Bienvenidos todos a la fiesta del Señor que celebramos este fin de semana, domingo 14 del tiempo ordinario. La palabra de Dios no siempre encuentra una audiencia dispuesta a acoger el mensaje de la vida y a reconocer al Señor en unos signos tan sencillos como son el pan y el vino. Pero los que acogen la Palabra con fe y amor están llamados a predicarla con sus vidas.

El mandato de Dios al profeta es claro. Ezequiel recibe su misión con alegría, a pesar de que tiene que enfrentarse a un pueblo de duro corazón y de oídos sordos.Dios insiste y quiere que su pueblo, a gusto o a disgusto, escuche el mensaje y sepa que hay un profeta en medio del pueblo.

En la segunda lectura San Pablo nos invita a conocer su vida interior con una sorprendente confesión. Hay un aguijón en su vida que le tortura. Pablo no busca la compasión sino hacernos entender que ninguna aflicción es una barrera que nos impida vivir nuestra vocación cristiana. Nosotros también estamos llamados a ser mensajeros, con nuestras debilidades, del evangelio de Jesús.

Y en el evangelio , Jesús tuvo que enfrentarse con la incredulidad de los de su pueblo. Jesús era demasiado sencillo, demasiado ordinario para manifestar algo de Dios, algo de la salvación de Dios. ¿Cómo es Jesús para nosotros? ¿Es más que el hijo del carpintero? Es más que un buen predicador?

Estas son las lecturas de este domingo y el vídeo del evangelio.

 

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